Nuevas publicaciones Sábado por medio Como parte de este crecimiento, quería contarles que Yogui Presence® evoluciona hacia un enfoque mucho más amplio y se transforma en MoveInPresence® . Siento que es el paso natural para honrar todo lo que venimos (y vengo) transitando. En el fondo, siempre supimos que no se trataba de la disciplina, sino del testimonio del cuerpo. El yoga ha sido uno de los tantos canales, un vehículo, pero nunca el fundamento último. Esta transición es un acto de coherencia para integrar mi mirada como psicopedagoga con el movimiento, permitiéndome facilitar el reaprendizaje de habitar nuestra propia morada: el cuerpo. Las publicaciones anteriores se quedan aquí, como memoria viva de este recorrido y un recordatorio del camino que hemos decidido recorrer juntos 💕
El aprendizaje no es un proceso lineal, sino una trama compleja donde intervienen nuestras experiencias previas, nuestros miedos y nuestras formas habituales de procesar la realidad. Bajo esta premisa el mat se resignifica: deja de ser una superficie de ejercicio para transformarse en un laboratorio de conducta en tiempo real. Lo que sucede durante la práctica —la forma en que abordamos un desafío físico o cómo reaccionamos ante la fatiga— es un reflejo fiel de cómo operamos en nuestra vida cotidiana. Observar estas respuestas automáticas sobre la colchoneta es el primer paso necesario para iniciar un proceso de desaprendizaje de patrones que, fuera de ella, nos generan malestar o estancamiento.
En la clínica psicopedagógica, observamos que los sujetos suelen repetir modalidades de aprendizaje fijas: están quienes se sobreexigen hasta el agotamiento, quienes abandonan ante el primer indicio de dificultad y quienes buscan la aprobación externa antes que el registro propio. En la práctica de yoga, estas modalidades emergen con una nitidez. El alumno que intenta forzar una postura a pesar del dolor está escenificando su relación con la autoexigencia y el rendimiento. Por el contrario, aquel que desarma la postura apenas aparece la incomodidad, está poniendo en juego su umbral de tolerancia a la frustración. El mat nos ofrece una oportunidad única: la de observar estos "vicios" de conducta en un entorno seguro y controlado, donde las consecuencias no son vitales, pero el aprendizaje sí lo es.
El concepto de "desaprender" es fundamental en este eje. No se trata simplemente de incorporar nuevas posturas, sino de identificar y soltar los automatismos que nos limitan. Si logro registrar que mi impulso ante un equilibrio difícil es aguantar la respiración y tensar la mandíbula (un patrón de lucha o huida), puedo intervenir conscientemente para elegir una respuesta diferente: suavizar, respirar y ajustar. Este acto de observación no juiciosa es lo que en psicología llamamos "metacognición": la capacidad de pensar sobre nuestros propios procesos. Al practicar esta observación sobre el cuerpo, estamos entrenando la plasticidad de nuestra mente. Estamos aprendiendo que no somos nuestros impulsos, sino que podemos habitarlos y transformarlo.
Finalmente, el valor de este laboratorio reside en la transferencia del aprendizaje. Lo que ensayamos en el mat no se queda allí. Si en la práctica aprendo a registrar mi límite y a respetarlo sin sentirme insuficiente, estoy construyendo una nueva herramienta de gestión emocional que luego aplicaré en mi trabajo, en mis vínculos y en mi autocuidado. El yoga, visto como una pedagogía de la conducta, nos devuelve la capacidad de ser arquitectos de nuestras respuestas. Nos enseña que para cambiar lo que hacemos afuera, primero debemos observar con honestidad cómo nos sostenemos por dentro. En YGP, el mat no es el fin, es el medio para desaprender lo que nos pesa y ensayar una presencia más auténtica, flexible y soberana.
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