Nuevas publicaciones Sábado por medio Como parte de este crecimiento, quería contarles que Yogui Presence® evoluciona hacia un enfoque mucho más amplio y se transforma en MoveInPresence® . Siento que es el paso natural para honrar todo lo que venimos (y vengo) transitando. En el fondo, siempre supimos que no se trataba de la disciplina, sino del testimonio del cuerpo. El yoga ha sido uno de los tantos canales, un vehículo, pero nunca el fundamento último. Esta transición es un acto de coherencia para integrar mi mirada como psicopedagoga con el movimiento, permitiéndome facilitar el reaprendizaje de habitar nuestra propia morada: el cuerpo. Las publicaciones anteriores se quedan aquí, como memoria viva de este recorrido y un recordatorio del camino que hemos decidido recorrer juntos 💕
En el ámbito de la Psicopedagogía, existe un concepto fundamental para entender cómo aprendemos: el andamiaje. Esta metáfora, introducida por Jerome Bruner, describe el soporte temporal que un profesional brinda para que un sujeto logre realizar una tarea que aún no puede resolver por sí solo.
Sin embargo, para que este soporte sea efectivo, debe ser ajustable y, eventualmente, retirarse para dar paso a la autonomía.
Cuando trasladamos este concepto a la práctica física bajo el enfoque Move In Presence® (MIP®), el lenguaje deja de ser una serie de instrucciones mecánicas y se convierte en nuestra principal herramienta de intervención. El profesional ya no es un ejecutor de formas, sino el arquitecto de un andamiaje verbal que permite al practicante habitar su propia biología.
La palabra como mediación clínica
En una clase convencional, el lenguaje suele ser imperativo y cerrado. Este tipo de comunicación levanta un muro entre el alumno y su percepción; el sujeto simplemente obedece a una autoridad externa. Desde una mirada psicopedagógica, esto es lo opuesto al aprendizaje: es adiestramiento.
En MIP®, buscamos que la palabra funcione como una mediación. Esto significa que la consigna no dicta un resultado estético ("hacé esto"), sino que diseña una tarea atencional. El lenguaje se vuelve el hilo conductor que guía al sistema nervioso hacia una información que antes le era invisible. Profesionalizar la palabra significa entender que no hablamos para que nos miren, sino para que el alumno pueda registrarse.
La sintonía y el ajuste de la instrucción
Un buen andamiaje debe ser sensible a la disponibilidad del otro. No todos los sujetos necesitan el mismo soporte. Nuestra formación debe permitirnos entender que una consigna demasiado abstracta puede disparar la alerta en alguien con ansiedad, mientras que una instrucción puramente técnica puede ser el refugio que un sistema nervioso agotado necesita para hacer pie.
La precisión técnica en MIP® no es un fin, es el lenguaje que usamos para "bajar a tierra" la experiencia. En nuestra metodología, aprendemos a leer cuándo y cómo intervenir, entendiendo que el exceso de instrucción puede ser tan perjudicial como la falta de ella. La clave de la Especialización reside justamente en este punto: aprender a diseñar el andamio exacto para cada momento del proceso.
Del soporte a la soberanía
El objetivo final de este abordaje es que el alumno ya no necesite el andamio, lo cual se traduce en la capacidad de autorregulación. Si el practicante siempre depende de la voz externa para saber si está "bien", nunca es dueño de su práctica.
El andamiaje de MIP® está diseñado para ser internalizado. No buscamos formar alumnos dependientes de un guía, sino sujetos con soberanía sobre su propio cuerpo y su propio foco. Si logramos esto, estaremos transformado una instrucción mecánica en un espacio de aprendizaje significativo.
Conclusión: El poder de la intervención
Cuestionar nuestro lenguaje no es un ejercicio de semántica; es una decisión clínica sobre cómo entendemos al otro. Al usar el lenguaje como andamiaje, validamos que cada proceso es único y que nuestra palabra tiene el poder de silenciar el ruido mental o de potenciarlo.
Profesionalizar la instrucción es entender que el silencio también es parte del andamio. En MIP®, el lenguaje es el andamiaje que sostiene la presencia, permitiendo que la técnica sea el marco seguro donde la mente, finalmente, puede permitirse descansar.
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